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La cruda realidad de un perro de caza

La caza es una disciplina deportiva que consta de diferentes modalidades. Sin embargo, el 90% de los cazadores que lo practican en España se decantan por hacerlo con perros. Dentro del grueso colectivo de cazadores, existe un sector responsable de un alto índice de abandonos y asesinatos caninos, especialmente galgos, que se repiten cada año en toda la geografía española. “Es evidente que quien lo abandona sólo siente que está tirando una herramienta que ya no le sirve, que se le ha roto. Cuando no les son útiles, se acabó el perro”, sentencia Elena Lechón Fleta, voluntaria en la protectora Zarpa.

La vida de los animales de estos cazadores está ligada por completo a su utilidad. “Todos son muy ecologistas, quieren mucho a sus perros, y la triste realidad es que los quieren mientras les sirven, en ocasiones se les hacen más viejos porque enseñan a las nuevas generaciones”, declara Inmaculada Calleja, responsable de Adopta Galgos Zaragoza.

Estos animales son rescatados de pozos, carreteras o vagando perdidos y a punto de morir de inanición o ahorcamiento. “Yo los he visto ahorcados por ahí y a lo mejor el perro no era el que merecía ser ahorcado, sino el dueño”, sentencia Francisco Ruiz Luchena, cazador retirado. El excazador también asegura haber visto pozos con cadáveres de estos animales. En concreto menciona una fosa cerca del camping El Boalar, donde acostumbra a pasear con sus perras. “Cavaron una fosa muy profunda y en ese hoyo he visto hasta tres y cuatro galgos muertos”, revela. Además, según cuenta Calleja, en tiempos estos actos se hacían sin esconderse, pero ahora optan por hacerlo en fincas, alejados de la mirada de curiosos.

Dentro del colectivo de cazadores, hay un grupo que destaca por encima del resto por acometer la mayor parte de estos actos: los galgueros. “Son los más crueles. En el momento en el que no valen para correr detrás de las liebres los liquidan”, señala Ruiz. El excazador destaca de estos animales su bondad y nobleza. “Que pocos pitbulls se ven ahorcados y asesinados. Al pitbull como no lo maten, igual mata al dueño. El más débil siempre es el que pierde. Los galgos son muy nobles, aunque los muelas a palos nunca se te volverán”, comenta.

RAZAS MÁS AFECTADAS

Las razas de perro más extendidas dentro de la actividad cinegética son los galgos, labradores, bracos y sabuesos… Aunque el abandono y el maltrato animal afectan a todo tipo de perros, sin excepción, los galgos son los que lo sufren con mas fuerza. “Los peor parados son los de caza, al menos en número, y los galgos son los ‘parias’ de los perros”, asegura la responsable de Adopta Galgos Zaragoza.

Además, como indica el excazador Francisco Ruiz Luchena: “el galgo tiene muy poca duración de vida para la caza, como mucho 6 o 7 años”; lo que explica que los galgueros estén renovándolos continuamente e incluso con cada nueva temporada de caza. “Se les exige mayor esfuerzo y normalmente a los dos años o tres ya no los quieren”, afirma Calleja. Además, “las galgas paren mínimo diez cada parto, por lo que no falta ‘mano de obra barata’”, concluye.

TEMPORADA DE CAZA

Existen épocas concretas en las que los voluntarios de las protectoras se preparan para un despunte del número de abandonos. “En Aragón se nota especialmente con el fin de la temporada de la caza menor, más o menos a finales de febrero – marzo”, afirma Lechón. De hecho, el último estudio Affinity demuestra que el 21% de los abandonos se producen en el mes de febrero. 

Sin embargo, según cuenta Calleja, ya en octubre empieza a notarse el abandono de galgos en la ciudad: “Empieza a finales de octubre, los que no son válidos, jóvenes de ni siquiera un año, son eliminados y en algún caso abandonados. Luego hay una segunda fase que coincide en febrero con el final de la temporada, los que han apurado ese año”.

CAZADORES RESPONSABLES

Afortunadamente, no todos los cazadores incurren en tales atrocidades. “Hablamos de los cazadores irresponsables, que abandonan a sus animales cuando ya no les sirven, pero no todos los cazadores abandonan a sus perros “, asegura Elena Lechón. Para un cazador sus perros son mucho más que una simple herramienta, son sus compañeros. “No todos los cazadores maltratan a sus animales. El cazador vive de ellos puesto que le ayudan a cazar”, asegura Eladio Pérez, miembro de una familia de tradición cazadora.

De hecho, “hay cazadores que cuidan a sus perros como verdaderos miembros de su familia”, asegura la voluntaria de Zarpa. Este es el caso de Francisco Ruiz Luchena, cazador retirado que se muestra completamente consternado por las barbaridades cometidas por estos cazadores. “Hay mucho descerebrado que no debería tener animales. Un animal a ti no te abandonaría, pero tú a él lo abandonas sin piedad. Si eres el responsable de ese perro tienes que tener una dedicación total a ese animal”, sentencia Ruiz.

Para estos cazadores irresponsables los animales son herramientas de las que se deshacen si no proporcionan los resultados deseados. “Cuando un perro no responde bien cazando, son tan crueles que, si no les vale para cazar, lo maltratan y hasta consiguen matarlo”, asegura.

Pero los perros aportan mucho más al ser humano que sus meras habilidades. No en vano, son considerados “el mejor amigo del hombre”. Así lo considera Ruiz: “Si no te vale para cazar, pues te puede valer para otros servicios. Un animal no solamente se trata de que cace bien, sino de que sea cariñoso y te de alegrías”.

Linda, bretona de 10 años perteneciente al excazador Francisco Ruiz Luchena y su familia. MC
Linda, bretona de 10 años del excazador Francisco Ruiz Luchena y su familia. MC

Pese a estar desligado de la Federación Aragonesa de Caza, Francisco Ruiz Luchena todavía conserva sus tres perras de caza: dos podencas de 6 años y una bretona de 10. “Tengo tres y una de ellas va a cumplir 10 años en abril. No me ha valido nunca para cazar, pero ahí está, y está bien tratada, está bien cuidada. Nos da mucho cariño y nosotros también a ella”, asegura.

El excazador afirma que al principio si pensó en deshacerse de la bretona, pero que la habría dado en adopción.“Cuando yo era cazador, no me satisfacía como cazaba, cazaba muy poco, pero se le cogió tanto cariño que ni se vendió ni se regaló”. Para Ruiz y para la mayoría de cazadores no se debe llegar al punto de abandonar o sacrificar un animal, ya que la mejor vía siempre es la adopción: “Si tienen un animal que lo den en adopción o a otra persona que lo pueda tener”.

De hecho, por esta vía llegan muchos a las protectoras de Zaragoza. “En algunos casos son los propios cazadores los que nos avisan de si los queremos, y de que si no vamos a por ellos, los piensan abandonar o matar. Por tanto, nuestros compañeros de rescate, no corren, vuelan a por el perro”, afirma la colaboradora de Zarpa. Como afirma esta voluntaria, estos casos pueden suponer un 10% de los avisos. 

SECUELAS FÍSICAS Y PSICOLÓGICAS

En cuanto a las condiciones de llegada, estos animales presentan diferentes secuelas, generalmente en función del tiempo que lleven abandonados. “Si llevan poco tiempo abandonados sólo las consecuencias de una mala o escasa alimentación, miedos, etc., pero si llevan tiempo vagando solos, suelen tener heridas y rasguños y en algunos casos fracturas mal soldadas”, afirma Lechón. A esto, Calleja añade las consecuencias propias de los que han sufrido un maltrato severo: “Heridas, úlceras, secuelas de atropellos o apaleamientos”.

En muchas ocasiones, las secuelas psicológicas son difíciles de controlar”. Las secuelas físicas se curan con el tiempo, pero las psicológicas son más difíciles de vencer. “Tienen miedo de por vida, aunque cuando llevan tiempo con nosotros, se confían, no son tontos ni rencorosos, ven la otra cara del ser humano”, comparte Calleja.

LA DESGRACIA DE SER UN GALGO
Yocán, galgo de 11 años perteneciente a María Ángeles Otal. MC
Yocán, galgo de 11 años perteneciente a María Ángeles Otal. MC

María Ángeles Otal es la propietaria de Yocán, un galgo andaluz que ha cumplido ya los 11 años. Esta vecina del barrio de San José se quedó con este animal después de que dos jóvenes lo encontraran vagando con tres meses en la Plaza San Miguel de Zaragoza. “Estaba flaco, se le notaban todas las costillas y tenía una pata rota”, comenta Otal. Ahora Yocán es un perro saludable, sin secuelas físicas y apenas alguna psicológica, pero no todos lo superan tan bien. “Ahora adoptas un perro ya adulto y tiene un miedo atroz. Este no porque no estuvo abandonado nada más que tres meses y ese recuerdo ya lo tiene perdido. Lo que no le gusta nada es estar solo. Ahora ya se va acostumbrando, pero ha llorado mucho”, revela su dueña.

De todas formas, Otal opina que los galgos en particular han sido tan maltratados que el miedo es algo ya inherente a la raza: “Aunque este está cuidado en casa, es como que la raza siempre tiene miedo. Ya lo deben de llevar en los genes, porque son una raza muy castigada”.

Estos no poseen chips de identificación, de manera que no es posible dar con sus propietarios. “Los que los abandonan sólo los quieren para cazar, no se preocupan de ponerles chip ni mucho menos”, asegura Lechón. Y aquellos que tienen, los mismos cazadores se encargan de hacerlos desaparecer. “Hemos recogido alguno con cicatrizaciones o heridas de habérselos arrancado”, revela Calleja.

En los últimos años se está produciendo un notable incremento de adopciones de galgos en Zaragoza. Así lo asegura la vecina de San José: “En esta zona ahora han adoptado mucho galgo. Se han dado cuenta de que es un perro muy bueno para estar en casa”.

De esta forma, se rompe el mito de que el galgo necesita correr con asiduidad. “El galgo en cuanto ve un sofá, allí que se acomoda horas y horas. Cuando salen a la calle o al campo, se pegan cuatro carreras y pegados al dueño”, asegura Calleja. Y la dueña de Yocán así lo corrobora: “Es un perro muy tranquilo. La gente se pensaba que al ser un perro cazador tenía que ser muy activo. Este si lo sacas a correr, corre, pero él no pide correr. Teniendo cama y calor es feliz, porque al no tener nada de grasa, los galgos son muy frioleros”, revela Otal.

Uno de los muchos galgos recogidos en la capital aragonesa en condiciones esqueléticas por Adopta Galgos Zaragoza. AGZ

Uno de los  galgos recogidos en la capital aragonesa en condiciones esqueléticas por Adopta Galgos Zaragoza. AGZ

Los más escépticos deberían saber que los perros de caza son tan aptos para la adopción como cualquier otro que haya sido abandonado por sus dueños. “Son perros obedientes, nobles, como mucho les puede costar un poco, si han sufrido maltrato, superar el miedo, pero no tienen dificultad añadida”, aseguran desde Zarpa.

La Federación Aragonesa de Caza, así como la mayoría de cazadores, rechazan esta clase de actos, conscientes de su crueldad y del peso moral que cae sobre las personas que los cometen.

PARTICULARIDADES DE ARAGÓN

Con respecto a otras comunidades, la voluntaria de Zarpa considera que la situación de Aragón no presenta grandes diferencias en cuanto al abandono. Sin embargo, la responsable de Adopta Galgos Zaragoza destaca que en el caso particular de los galgos somos una de las comunidades en las que todavía está muy presente. “En cuanto al maltrato y al abandono, Aragón está a la par que Andalucía. No obstante, fueron las dos comunidades que más tardaron en firmar y acordar la ley de protección animal”. También asegura que los catalanes y los vascos son los más concienciados con el tema.

Además, Lechón apunta que en Aragón son más frecuentes los abandonos que los asesinatos: “Es más habitual el abandono que el asesinato del animal, que también es cruel qué duda cabe, pero al menos tienen alguna posibilidad de sobrevivir a esta situación”.

REGULACIONES Y MEDIDAS REIVINDICADAS

La Ley de Protección Animal que firmó Aragón corresponde al año 2003 y la mayoría de los voluntarios que se dedican al rescate de estos perros considera que es insuficiente y que hacen falta medidas más rigurosas. “Las mismas medidas que se ponen a cualquier dueño de un perro, sea para lo que sea, obligaciones que en caso de abandono o maltrato permitan identificar al dueño y aplicar sobre él la ley con todas sus consecuencias”, afirma Lechón. Así lo considera también Calleja, que propone otras medidas de seguridad: “Deberían endurecerse y sobretodo llevar un control de por qué esta gente cambia tanto de perro y sobretodo, obligaría a hacer autopsias a los cadáveres cuando un cazador diera parte de la muerte de sus perros”.

De acuerdo a lo recogido en la Ley Animal, ley 11/2003 de 19 de marzo de protección animal en la Comunidad Autónoma de Aragón, las penas por maltratar a un animal pueden oscilar entre los 60 y los 150.000 euros en función de la gravedad del daño originado.

Las protestas de ‘No a la caza con galgos y otras razas’ que se realizan cada año en varias ciudades españolas, incluida Zaragoza, están respaldadas por más de cien asociaciones animalistas y partidos políticos como Pacma y Equo.

Entre las múltiples exigencias de estas plataformas se encuentra principalmente la de la prohibición de la caza con galgos. Algo que ya ha ocurrido en el resto de Europa: Alemania en 1952, Bélgica en 1995, Escocia en 2002 y Reino Unido en 2004; países muy concienciados con el problema del maltrato animal. “En Alemania los galgos están muy protegidos. De hecho, te pueden poner una multa de 3.000 euros por maltratar a un galgo”, asegura la propietaria del galgo Yocán.

Estas plataformas también reivindican incrementar el control, mediante un registro obligatorio de la tenencia de galgos; la sustitución de los chips por métodos de identificación irreversibles, que los cazadores no puedan arrancar a conveniencia; el establecer un seguro obligatorio de responsabilidad civil para cada galgo; y la imposición de sanciones penales.

AL RESCATE

En Aragón existen numerosas protectoras, plataformas e individuos que se dedican a luchar y a concienciar sobre el problema del maltrato animal. Zarpa, Alborada o Zarapeludos son solo algunas de las muchas protectoras que se encargan del rescate de estos animales en la capital aragonesa. “Afortunadamente, ahora hay muchas protectoras y gente que se encarga de la acogida de estos animales. Hoy en día, creo que ya está todo encaminado hacia darlos en adopción”, afirma el excazador Francisco Ruiz Luchena.

En cuanto a los galgos, los grupos SOS Galgo y Galgo Leku reciben buena parte de los galgos de Zaragoza. Aunque también hay plataformas aragonesas que se encargan de su rescate.

Todas ellas iniciativas que surgen como respuesta de la ciudadanía a un problema que no remite. Pese a que cada día hay más concienciación social y la gente está más predispuesta a la adopción, cada final de temporada se inicia una nueva cadena de abandonos y asesinatos por todo el territorio aragonés.

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